Las mujeres de López

 El ex presidente Alfonso López Michelsen estaba siempre rodeado de mujeres jóvenes y bellas: ministras, reinas, abogadas, estrellas de la televisión. En sus Memorias, que se acaban de publicar, se ocupa de varias damas. Dicen que una de ellas, la chilena Olaya Errázuriz Echenique, fue la novia de su juventud y que se parecía a su esposa la Niña Ceci.

Cecilia Caballero y Alfonso López Michelsen, en el dia de su matrimonio

LopezComo la política, como la literatura, como el periodismo, el amor y las damas también ocuparon gran parte de la vida del doctor Alfonso López Michelsen. En sus Memorias reconoce como novias a varias, y de otras confiesa que se las adjudicaron pero que fueron tan sólo buenas amigas.

Siempre estaba bien acompañado por mujeres jóvenes y bellas, y no falta quien crea que a eso se debió su longevidad hasta los 93 años en pleno uso de sus facultades. Él, que era tan cuidadoso en tutear, a sus fans les hablaba de esa manera. Y ellas, respetuosas, lo trataban de usted. Era feliz de que lo vieran así, posando en un coctel, en una comida o en Colombiamoda, certamen al que muchas veces asistió en Medellín. Y ni hablar del Festival Vallenato, en el cual con una o con varias de ellas a su lado tarareaba con picardía esos paseos en que la mujer es el personaje.

Sus acompañantes eran de diferentes grupos: ministras, como María Consuelo Araújo; relacionistas públicas, como Ivonne Nichols; reinas de belleza, como María Teresa Egurrola; abogadas como Saturia Esguerra y María Luisa Mesa; magistradas como Clara Inés Vargas; funcionarias de la Fiscalía como Marta Rueda; de la televisión como Paula Jaramillo y Viena Ruiz; cantantes como Helenita Vargas y Miriam Socarrás...

En su apartamento siempre las recibía ofreciéndoles un aperitivo que él mismo preparaba a base de cointreau, coñac y una que otra mezcla más, que nunca reveló, coctel al que llamaba "tumba señoras". Y era sólo para ellas. Además, Dios lo premió dándole cuatro nietas.

Mujeres en Santiago

lope2En lo que podría llamarse El amor en los tiempos de Santiago, en sus Memorias se ocupa de varias damas. Cuenta, en esa hermosa prosa que lo caracterizaba, que una de las razones que tuvo para viajar a Chile a continuar sus estudios durante el primer gobierno de su padre, fue para olvidarse de Lucía, su primera novia. También en el barco en que viajaba alcanzó a verse en el puerto peruano de El Callao con su amiga Paquita Benavides, e igual con Olaya Errázuriz Echenique, chilena que entonces tenía diecisiete años. El padre regresaba a Chile con ella tras dejar el Consulado de su país en Génova.

Simpatizamos de inmediato sin que nunca existiera entre los dos relación amorosa, aunque sí tuve el privilegio de contarla entre los grandes afectos de mi vida". Pero confiesa que la visitó varias veces "en las circunstancias más variadas, según la suerte nos favoreciera al uno y al otro en nuestros respectivos países".

Relata que era tan impresionante el parecido de Olaya con Cecilia Caballero (la Niña Ceci), su esposa por más de sesenta años, que llamaba la atención a quienes las conocieran. "Cuando era embajador en Washington, Carlos Sanz de Santamaría les sugirió un día que se dejaran tomar una fotografía juntas. El parecido en el retrato es tan grande que quien no las conozca muy bien, no consigue distinguirlas. En otra ocasión, cuando asistíamos a la posesión del presidente venezolano Luis Herrera Campins, llegó Cecilia a pedir la llave de su habitación y le entregaron la de los Tomic, juzgando que se trataba de Olaya". (Radomiro Tomic fue el marido de Olaya, con quien tuvo nueve hijos).

En esta historia, que parece escapada de la imaginación fantástica de Borges, hay quienes aseguran que después de los primeros encuentros entre López y Olaya, cuando el primero regresó a Colombia y ella tenía por pretendiente a Radomiro Tomic, descendiente de emigrantes yugoslavos y cofundador de la Democracia Cristiana chilena, le aconsejaron: "No espere más a ese colombiano, que jamás será Presidente, cásese con Radomiro que él sí llegará". Por cosas del destino, éste aspiró a la Presidencia de Chile enfrentado a Salvador Allende pero no triunfó, y en cambio el colombiano llegó una vez y estuvo a punto de ser reelegido.

La amistad entre López y Olaya fue tal que estuvo a punto de hacer meter el pie al Gobierno chileno. El propósito era designar al padre de la joven como embajador en Colombia durante el gobierno de López Pumarejo por ser amiga de su hijo. El interés se filtró, López Michelsen manifestó su disgusto y el Gobierno chileno discretamente echó reversa.

Encuentro con la hija

Los años pasaron y a mediados de 2007, Carlos Lleras de la Fuente viajaba con su familia y otros colombianos en un crucero musical por Europa, y tuvo la oportunidad de conocer allí a Amaya Tomic Errázuriz, chilena de sesenta años e hija de Olaya. Al averiguar quiénes eran los de ese grupo, supo de su nacionalidad y naturalmente preguntó por Alfonso López Michelsen, el gran amigo de su madre cuando él estudiaba en Santiago. Se le informó, y por ese conducto le escribió tratándolo de "querido Alfonso, porque muchas veces en mi vida oí mencionar su nombre con mucho cariño y aprecio".

Dice Amaya sobre su madre en la misiva: "Ella está bastante bien, aunque ya no camina sola debido a un accidente vascular de hace unos tres años más o menos. Pero no ha perdido su maravilloso ánimo para moverse, y sale a pasear en auto lo más que puede. Sé que cuando a mi vuelta le cuente de este contacto y de esta carta, voy a hacerla muy feliz".

Lleras de la Fuente le entregó la carta a López y casi de inmediato, el 4 de junio, éste la respondió con "grata sorpresa a estas alturas de mi vida" ante la nueva generación; y manifestaba que si bien hacía varios años no había tenido relación directa con Olaya, "vivo permanentemente informado de su salud y de tropiezos tan ingratos como los que [usted] me da cuenta en su carta".

Se lamenta López de que por razones de la enfermedad que padece no pudo viajar al sur del continente para estar presente en la celebración de los cincuenta años del matrimonio de José Miguel Latuf Sanfuentes y Beatriz Michelsen, y manifiesta tener la esperanza de poder realizar próximamente una visita a la Patagonia "que alcancé a conocer en mis remotas juventudes; confío sin embargo en que tarde o temprano se cruzarán nuestros caminos, como acaba de ocurrirles a ustedes con mis compatriotas y como me ocurre periódicamente con amigos chilenos con quienes nos identificamos después de treinta o cuarenta años de ausencia".

A pesar de que la carta tiene fecha del 4 de junio de 2007, el sello postal en el sobre es del 22 y el sello de correo de Chile es del 9 de julio de 2007, dos días antes del fallecimiento del doctor López Michelsen. Amaya no alcanzó a terminar de escribir la respuesta. Debió conformarse con relatarle por carta a Lleras de la Fuente que la madre se puso feliz cuando escuchó la lectura de la misiva del ex Presidente colombiano, y agregó que Felipe, uno de sus hermanos, "debía viajar por razones de trabajo a Bogotá en los primeros días de agosto y al comunicarse con alguna persona de allá le pidió que le concertara una cita con Alfonso". Esto sucedió el viernes 13 de julio cuando se llevaban a cabo las exequias del doctor López. A doña Olaya no han querido darle la noticia. "Es mejor que ella crea que su buen amigo aún vive y que la recuerda en Colombia

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